Mundos de Acero


La energía de amar no es una ñoñería, ni un cuchicuchi entre enamorados, sino más bien una ética amorosa, sublime, que impone límites desde la equidad, que genera vida sin destrucción y prosperidad a largo plazo allá donde es aplicada. Una amalgama que une las piezas de una obra sin generar caos a su alrededor, sin violencia, sin vencedores ni vencidos.

En nuestro entorno no se requiere ese tipo de energía para materializar, ni siquiera para crear una nueva criatura. ¿Acaso no hay multitud de seres engendrados en el mundo sin amor, o incluso peor, fruto del dolor y la maldad humana? Somos seres con un inmenso poder creador que experimenta sin tener en cuenta las consecuencias y aprende de sus errores como especie muy lentamente.

Con esfuerzo, constancia o con atajos de dudosa ética y legalidad, podemos llegar a conseguir materialmente casi todo lo que nos propongamos. Se construyen mundos acero quirúrgico, yermos e inertes, de aspecto futurista. Se crean grandes imperios, que se desmoronan al tiempo como castillos de naipes sobre cimientos de arena. Habitamos casas inteligentes, en ocasiones mucho más que sus dueños.


Podemos materializar lo que imaginemos, sin necesidad de valores, conciencia, o requisitos previos... pero, ¿es sustentable en el tiempo? ¿Realmente nos otorga la anhelada felicidad o seguimos persiguiendo quimeras, acumulando más y más cosas materiales, éxitos o likes, para sentirnos bien con nosotros mismos?

Llega un momento en que tanto caos generado satura, como el cauce de un río que se va llenando de lodo, reventando los muros que lo contiene. Es entonces que nos asombra ver imperios desmoronarse, eras de esplendor sumirse en la miseria, una y otra vez, civilización tras civilización, a lo largo de la historia de la humanidad, en un ciclo sin fin como cantara el Rey León.

Pero en mitad de toda esperanza perdida, algún “milagro” acontece cerca o alguna persona nos inspira, y entonces podemos creer que hay otras maneras de crear. 





Comentarios

Entradas populares